Asia tiene otro ritmo de vida. El tiempo pasa de una manera más pausada y las prisas son algo desconocido para los asiáticos, al menos en Myanmar. Lo confieso: en año y medio aquí, no he sido capaz de asimilar este compás parsimonioso que marca la andadura de los birmanos. Yo sigo con mis ansias de abarcarlo todo y de llegar de un punto a otro de la ciudad lo más rápido posible, lamentando las trabas que ralentizan mi camino hacia la próxima meta volante.
Mi paso acelerado por esta carrera de obstáculos que se llama calle contrasta con la pausa y el sosiego de los birmanos. Ellos se toman la vida a pasos pequeños y, excepto cuando conducen un coche en un atasco, no muestran ninguna preocupación por la marcha del tiempo. Es algo que aceptan de forma natural e inevitable. Esperar es parte de la vida y aquí lo han convertido en arte.
“Kha Na Lay”. Esta expresión resume a la perfección este país y su relación con el tiempo. Significa “espera un momento” pero la duración de ese “momento” es incierta e inabarcable. Podría ser un minuto, una hora, una semana o una eternidad.
Si estás en un taxi y te apetece comer algo o debes pasar brevemente por el supermercado, el taxista no tendrá problema en pararse. Viceversa, el taxista se detendrá en medio del trayecto para repostar o incluso tomar más clientes. Sólo basta un “Kha Na Lay”, que lo soluciona todo.
La gran virtud de los birmanos es saber esperar y esperar sin hacer nada. Es habitual ver a taxistas o conductores de triciclos dormir a pierna suelta en sus vehículos a plena luz del día. Si entre servicio y servicio no tienen nada que hacer, harán precisamente eso, nada. Es algo que admiro y que dista tanto de nuestra sociedad en la que se nos ha dicho que el tiempo es oro y el que lo pierde es bobo. Parece que llenar cada minuto de nuestro día haciendo algo “productivo” es aprovechar el tiempo. Quizás no sea así. Quizás ignorar las agujas del reloj de vez en cuando nos haga valorar la vida más.
Dicho esto, y por mucho que intente evitarlo, sigo con mi horror vacui temporal y mi ansia de acelerar por las calles a pasos agigantados, esquivando coches, bicicletas, tenderetes, perros y todo lo que ponga por mi camino hacia un destino incierto. ¡Menos prisas, más Kha Na Lay!
