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Pioneros

Ras, dva, tri, Rugby Piešťany!!

Ni fútbol, ni tenis, ni ciclismo. El deporte nacional en Eslovaquia es el hockey sobre hielo. Desde una edad muy temprana, los niños calzan patines, se deslizan sobre el hielo y aprenden a manejar el palo como parte de su rutina diaria. Sueñan con seguir los pasos de los Hossa, Gáborík, Chára, Tatar y Šatan en la NHL y aspiran a dar al país su segundo campeonato del mundo tras el logro del 2002, una efeméride situada al mismo nivel que la revolución de terciopelo o la entrada del país en la Unión Europea.

El Mundial de fútbol pasó inadvertido en Eslovaquia -raro era encontrar algún bar que diese los partidos por televisión-, y las Olimpiadas (de invierno, se sobreentiende) tuvieron un poco más de repercusión, gracias al hockey y a una biatleta de origen ruso.

Cuando llega el campeonato del mundo de hockey, cada año a principios de mayo, los eslovacos exhiben tímidamente sus banderas, llenan los bares y vacían las calles para apoyar a los suyos, si bien con más esperanza que expectativa. La alegría suele durar poco, luego el pesimismo se reinstala y la vida vuelve a la normalidad.

El caso es que hay una cultura de hockey muy arraigada y las imágenes de hombres barbudos y toscos acaparan páginas de deportes y carteles publicitarios. Incluso las mujeres están al tanto de palabras como power-play, faceoff, hooking, slashing y puck.

Scrabby y Kubo haciendo el trabajo sucio

Viendo la abundancia de tipos grandes y robustos y su aprecio por el deporte de contacto, parecía que el rugby sería un deporte ideal para los eslovacos. Así empezó Rugby Union Club Piešťany, la idea loca de un inglés y un francés surgida de una conversación de bar. El objetivo era convencer a estos bebedores de cerveza y slivovica para ceder sus cuerpos al noble deporte del rugby. En eso fracasamos (por el momento). Sin embargo, convencimos a un grupo de scouts y sus amigos, la mayoría de peso pluma, a que lo probaran. Y parece que les gustó porque, con paciencia y dedicación, ya llevamos medio año entrenando.

Vestuario improvisado

Nieve, lluvia, sol. Los chicos repetían cada domingo, primero en la calle, luego en el parque y finalmente en un campo cedido por la región de Trnava. Cada vez pedían más contacto y menos tocata y le tomaron cariño al balón ovalado, incluso exhibiéndolo en clase.

Adam se reveló como un auténtico apertura

El pasado sábado, conseguimos un hito histórico para el rugby eslovaco. Por primera vez, un equipo juvenil participó en un torneo de Sevens. Fue en la localidad fronteriza de Esztergom, en Hungría, y los chicos, algunos de los cuales habían entrenado sólo tres veces, dieron la talla.

David contra Goliat

El primer partido acabó con una mínima derrota dignificada con un par de ensayos de pura calidad. El segundo partido, contra los campeones de Szeged, fue una lucha dispar e injusta entre niños y hombres de la que los niños salieron escaldados. Eso no les impidió lanzar un par de placajes valientes y guardar fuerzas para un último partido que ganaron con holgura. La victoria final puso el colofón a una jornada para la historia que, con un poco de suerte y trabajo, tendrá continuidad.

Pase lo que pase en esta frágil aventura del rugby en Piešťany y en Eslovaquia, siempre tendré el orgullo de haber formado parte de este equipo. Rugby zdar!

Primer equipo juvenil de Eslovaquia

Los héroes de Esztergom, pioneros del rugby en Piešťany: Michal Bartovič (segunda línea), Tomáš Škrabak (talonador),  Tomáš Opial (ala), Adam Scherrer (apertura), Jakub Augustin (pilier/centro),  Lukáš Pomajbo (medio-melé/centro), Pavlo Osypenko (ala), Ján Lehuta (ala), Lukáš Chmelo (pilier/centro). Equipo técnico: Terry Purton y Filip Kráľ.

Piešt’any

El río Váh a su paso por Piešt'any

Despierto un lunes soleado en Piešt’any, una pequeña ciudad construida a orillas del río Váh, un afluente del Danubio. Pasadas las tres calles que conforman el centro, la atención se dirige hacia Spa Island, el coqueto istmo donde acuden los turistas en busca de las relajantes aguas termales.

Lejos de los parques y los campos de golf, la sobriedad soviética marca la arquitectura de Piešt’any, aunque (afortunadamente) a pequeña escala. La influencia comunista  se observa en algunos bloques de apartamentos, viejas bicicletas oxidadas y edificios públicos como la casa de cultura (Dom Umenia), un monstruo de hormigón que mancha la preciosa vista al río. Los murales de la estación de ferrocarril y la mugre del extrarradio también contribuyen a esta imagen de un pasado austero donde cada uno hacía el trabajo que le tocaba.

A bote pronto, Piešt’any me transmite una sensación de seguridad y eficacia. Las vida funciona sin demasiadas complicaciones y las cosas se llaman por su nombre. Precisamente la lengua será mi mayor obstáculo pero confío en el decente nivel de inglés de los eslovacos para comunicarme con ellos. De momento, nye hovorim po slovensky (no hablo eslovaco). Y una sonrisa.