La primavera en Europa Central ha llegado antes de lo previsto. Desde hace varias semanas, el sol ilumina las calles, el verde domina los campos y las flores despiertan con hermosura de su letargo invernal. Los sonidos, los olores y los colores de esta estación han vuelto para reclamar su espacio y la mejor manera de disfrutarla es saliendo de casa.
La primavera es una excursión con Pavol, Michal y Eeva al monumento de Bradlo, donde yacen los restos de Štefánik, uno de los anti-héroes de la Gran Guerra, y a las ruinas del castillo de Branč, que domina la ciudad de Trnava y la frontera Este de la República Checa. El buen tiempo invita a una comida al fresco en un restaurante con columpios de roble y una dulce bábovka de chocolate.
La primavera es una caminata con Hana por los Pequeños Cárpatos, ese sistema montañoso que traza un arco por Centroeuropa desde Chequia hasta Rumanía. Los riachuelos y los senderos que parten desde Modra, la ciudad de los azulejos, nos conducen hasta Pezinok pasando por el alto de Velke Homola. El primer día oficial de primavera nos recibe con ligero viento, termómetros por encima de los 20 grados, vegetación de robles y hayas y camisetas de manga corta.
La primavera es comprarse una bici de segunda mano y recorrer la orilla del río Váh hasta la presa de Sľňava, entre ciclistas, patinadores, patos y cisnes. Recuerdo con nostalgia mis aventuras en Francia, Canadá e Italia. Todas empezaron en primavera y sobre la bicicleta respiré mis primeros aires de libertad.
La primavera es visitar el casco antiguo de Bratislava iluminado por los rayos del equinoccio y pasear al lado del Danubio hasta que lo moderno se convierte en salvaje. Todo esto, impulsado por una dosis de arte cortesía de Alfons Mucha.
La primavera es rescatar sapos que se dirigen en masa al diminuto lago de Striebornica ajenos a los peligros que cruzan el cálido asfalto en su camino reproductivo.
La primavera es podar manzanos en Ducové y preparar un guláš casero en medio de la naturaleza, rodeado de buena gente (Aurel, Peter, Bruno y compañía). El sonido del furgón de helados acentúa el aire bucólico de este paisaje pintoresco compuesto por agricultores, animales y campos que se beneficiarán de la llegada del buen tiempo.




