Nunca me siento tan libre ni tan feliz como cuando estoy encima de una bicicleta recorriendo caminos nuevos. Una excelente forma de descubrir una ciudad es pedaleando, algo que es cada vez más fácil gracias al sistema de bicis compartidas que han adoptado la mayoría de grandes urbes. En Ciudad de México, una megápolis saturada de coches, el Ecobici ofrece un respiro al ciudadano y se está convirtiendo en una alternativa real de transporte urbano.
Los domingos por la mañana, el Paseo de la Reforma, la gran arteria vial de la ciudad, se corta al tráfico motorizado y es invadida por ciclistas, patinadores y corredores. En los cruces con otras grandes avenidas, se plantan un grupo de entusiastas trabajadores municipales que regulan la circulación y animan a disfrutar del paseo de una forma cívica y jovial. El resultado de esta brillante iniciativa son calles llenas de ciclistas, aire fresco y sonrisas.
El ambiente festivo continúa por la tarde con un paseo a pie por el bosque de Chapultepec. Familias, parejas y amigos abarrotan los caminos mientras los vendedores hacen su agosto gritando en tonos agudos. Por el sol y el calor, bien podría ser verano. Incluso los payasos se mofan de la cantinela de los vendedores al tiempo que las parejas más apasionadas cobijan su amor bajo la arboleda y regodeándose en el césped. Por unas horas, los chilangos se olvidan de los problemas y creamos la ilusión de vivir en un mundo feliz.
