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Las bicicletas son para el verano

El Váh a la altura de Piešťany

El verano llegó y se fue casi sin avisar. Un agosto lluvioso ha dejado para septiembre algunos días de sol e incluso algunas horas de calor, aunque el frío matinal ya ha hecho acto de presencia coincidiendo con el primer día de otoño.

La iglesia de Drahovce, cerca de Piešťany

Hoy he cogido la bicicleta y he seguido la senda del río Váh/pantano de Sĺňava hasta Drahovce, uno de los numerosos pueblecitos que guarnecen la llanura cárpata. La estampa es típica de cualquier aldea eslovaca: casitas bien cuidadas con huertos concediendo sus últimos frutos, pequeños bares donde corren ríos de cerveza y slivovica a escondidas, un campo de fútbol oliendo a fertilizante y la coqueta iglesia que sólo abre para los feligreses.

Hotel Slovan, decadente belleza de Piešťany

Otoño tiene una luz especial y un aire melancólico. Los verdes dejarán paso a los amarillos y marrones y el recuerdo de mangas cortas y baños nocturnos se esfumará con el viento. El humo de leña ya impregna las calles vacías con el aroma otoñal.

Pedaleando, me acuerdo de Italia y de las carreteras del Prosecco. Los campos de maíz, las viñas recién recolectadas, el Piave en lugar del Váh… Creo que en cualquier momento me toparé con una cuadrilla de alpini tomando un aperitivo en la pizzería de Stefano. En el fondo, no somos tan diferentes cuando estamos arraigados a la tierra. Las fronteras son patrimonio de la mente.

Un día de senderismo cerca de Považská BystricaBanská Bystrica el día de la Insurrección Nacional EslovacaMural en la estación de LeopoldovVel'ke Biele Pleso, en los Tatras

Cinematik

Dentro de una semana volveré a “casa” para celebrar onomásticas y festivales pero mi aventura eslovaca continúa. Lo único que termina es el verano, otro verano. En la memoria quedarán caminatas entre la niebla en los Tatras, visitas fugaces a la inocencia de Javorinka, horas de celuloide en el Cinematik, la pasión de los bailes folklóricos, una excursión al desfiladero de Manínska tiesňava, el descenso en canoa de Trenčin a Beckov, baños en el Váh, el Danubio y el Hornád, cervezas y vinos, un día en familia en Banská Bystrica, el primer contacto con Budapest, un paseo nocturno en barca bajo los puentes de Piešťany y un largo etcétera que quedará al azar de la memoria, frágil y selectiva como el tiempo.