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Primavera en Praga

El puente de Carlos sobre el río Vltava, símbolo de Praga

Viajar en Semana Santa siempre tiene sus riesgos, como la lluvia y las multitudes. Así nos recibió Praga el viernes por la mañana. Por fortuna, la capital de la República Checa rebosa cultura y la muestra de Art Nouveau en el lujoso Obecní Dům nos transportó durante una hora a la Europa burguesa de finales del siglo XIX, una época marcada por formas femeninas, alegorías naturalistas y juegos geométricos.

Fachadas de estilo Art Nouveau en el centro de Praga

Las mujeres trazadas por Alfons Mucha y Gustav Klimt empapelaban las calles de París y Viena al mismo tiempo que la alta sociedad anglosajona se encaprichaba con los muebles de Mackintosh y las lámparas de Tiffany y Barcelona despertaba al modernismo de Gaudí. Los hoteles, iglesias y edificios públicos de Praga aún reflejan este secesionismo artístico de mujeres floreadas despreocupadas por los cambios que se avecinaban en la Europa del siglo XX.

Vista externa de la catedral de San Pedro y San Pablo, en Vyšehrad

El arte, la religión y la historia emanan de cada esquina de esta preciosa ciudad que, sin embargo, corre el riesgo de ser arruinada por el turismo de masas. Hordas de japoneses, rusos y americanos pululan la ciudad como moscas atontadas. La catedral de San Vito, el puente de Carlos y el reloj astronómico, por muy impresionantes que sean, pierden un poco de encanto con tanto visitante. Peor aún es el turismo de borrachera promovido por jóvenes ingleses de neurona cervecera que acabarán abrazando farolas o perdiéndose entre la noche.

La cerveza y el tranvía recorren el barrio de Smíchov

Por fortuna, pude descubrir la otra cara de Praga con dos de sus habitantes. El viernes, Daniela me ofreció una guía nocturna por cafés literarios y garitos de rock donde los clásicos resonaron entre generosas jarras de cerveza, la bebida nacional. El domingo por la tarde fue Martin, un eslovaco de mirada despierta y mente ágil, quién nos condujo hasta el barrio industrial de Smíchov desde las frondosas murallas de Vyšehrad. Este parque público ofrece estupendas vistas sobre Praga y el río Vltava y alberga la basílica de San Pedro y San Pablo, coloreada con elementos modernistas, y el cementerio de Slavín, donde yacen los restos de famosos poetas y artistas checos, entre ellos Jan Neruda.

La ciudad medieval de Cesky Krumlov, a 2 horas de Praga

El sábado salimos de Praga en dirección a Český Krumlov, una ciudad medieval incluida en el patrimonio de la UNESCO. El castillo que domina la aldea simboliza el poder de la familia Rosenberg, quien gobernó la región de Bohemia durante tres siglos. La prosperidad de este pintoresco pueblo construido entre los meandros del Vltava continúa hoy en día gracias al turismo y el rafting. Me pregunto cómo será fuera de temporada: ¿un pueblo fantasma?

Smíchov, un barrio obrero con sabor a 'pivo'

Mi visita a Praga terminó el lunes de Pascua donde había empezado el viernes santo: con Alfons Mucha. Aunque se hizo famoso en París por sus delicados carteles de mujeres bohemias adornadas con elegantes símbolos florales, la auténtica devoción de Mucha estaba en su país. Él creó el primer sello de Checoslovaquia, aquella nación surgida del yugo del Imperio Austro-Húngaro y, en pleno apogeo del Art Nouveau parisino, decidió comenzar, por cuenta propia, una serie de gigantescos cuadros dedicados a la historia eslava. Durante veinte años trabajó en la Epopeya Eslava, su último regalo a la ciudad de Praga, una obra maestra que completó antes de caer víctima de la Gestapo.

La epopeya eslava de Mucha, expuesta en la Galería Nacional de Praga © radio.cz

Ahora, esos veinte colosos se exponen orgullosamente la Galería Nacional de Praga, rindiendo tributo a Mucha, uno de los grandes defensores (y creadores) de la identidad eslava. Su visión influyó mis últimas horas en la capital checa, donde quedarán muchos secretos por descubrir.